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Al primer vistazo creyeron que eran cadáveres de niños, pero un leve movimiento de cabeza demostró que estaban olvidados pero vivos. Un orfanato, en pleno centro de Bagdad, sepultaba la humillación de 25 menores, la mayoría de ellos deficientes mentales.
Sus celadores les dejaban sin comer y desnudos; aunque los armarios de la cocina estaban repletos de alimentos y las estanterías llenas de ropa, todavía en sus bolsas. Ya, a salvo, ensayan sonrisas. Reciben los peluches con los que los soldados norteamericanos completan su buena acción; liberar de la tiranía a un grupo de pequeños iraquíes.
Dos de los guardianes están detenidos pero otros tres han huido. Vendían los suministros que recibían y dejaban morir de hambre a los niños.
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ABC-Agencia Atlas/ Reuters
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