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La voz de Al Qaida se escuchó ayer en el Tribunal que juzga los atentados del 11-M. Fue la de Imad Eddin Barakat Yarkas, «Abu Dahdah», que cumple doce años de condena por ser el cabecilla en España de la galaxia terrorista que dirige Bin Laden. Sus palabras fueron para atribuir la matanza a una «secta» islamista de tendencia «Takfir Wal Hijra» y vincularla con la presencia de las tropas españolas en Irak. Más aún, el testigo hasta llegó a justificar el asesinato de 191 personas con la siguiente frase: «El abuso genera odio». La comparecencia del sirio «Abu Dahdah», testigo 228, era muy esperada por cuanto se trata de la primera vez que un destacado dirigente yihadista declara como testigo. Su testimonio, aunque breve -apenas diez minutos-, fue significativo en algunos aspectos, pues dio muestras de albergar pocas dudas sobre la autoría del 11-M, que calificó de «inadmisible». Lo hizo aprovechando una pregunta de la fiscal Olga Sánchez sobre el motivo que le llevó, días después del 11-M, a prestar declaración de forma voluntaria ante el juez Baltasar Garzón y no ante el instructor del caso, Juan del Olmo. «Un hecho inadmisible» «Abu Dahdah» no respondió al por qué de su elección y se limitó a reiterar, sobre el atentado, que se trataba «de un hecho inadmisible, que no se puede hacer». Y agregó, en un deficiente castellano, que, «si pasó, no me extraña por la guerra de Irak. En nuestros países, en nuestras culturas, la guerra genera odio y el abuso genera odio». También sobre la matanza dijo que «bajo nuestra ideología no se puede hacer esto» y recordó que «en nuestra historia sólo lo han hecho unas sectas». En este contexto, y al ser preguntado por la tendencia «Takfir Wal Hijra» (movimiento islámico radical, integrado en el salafismo yihadista) fue cuando «Abu Dahdah» -está nacionalizado español- se refirió a los autores del 11-M, para señalar que «tienen que ser de esta doctrina», una tesis que también sostienen el juez Del Olmo y la fiscal Sánchez. Por el defensor de Jamal Zougam, el testigo fue preguntado por una posible alianza de seguidores del movimiento Takfir con «narcotraficantes y ladrones». Su respuesta fue breve: «Sólo conozco la doctrina, no a personas». Sobre los presuntos implicados en la matanza, «Abu Dahdah» dijo que sólo tuvo contactos con Jamal Zougam y Mouhannad Almallah ,mientras que con Serhane «El Tunecino» únicamente mantuvo una relación tangencial. Respecto al propietario del locutorio de Lavapiés, que fue seguido por la Policía durante las investigaciones que llevaron a la detención del sirio, señaló que le conocía porque los dos tenían negocios de venta de verduras. Sobre Almallah, reconoció que en alguna ocasión visitó su casa, pero que fue para repararle una lavadora. El testigo agregó que nunca estuvo en Virgen del Coro ni acudió a las excursiones al río Alberche, donde se organizaron cursos de adoctrinamiento en la yihad. De Serhane «El Tunecino» dijo que lo conocía de verle por la mezquita de la M-30. Por el contrario, sí se confesó seguidor del clérigo extremista Abu Qatada, a cuyas «conferencias de los viernes» en Londres asistió en numerosas ocasiones. Preguntado por una acusación si conocía a «Abu Dujana el Afgani», nombre utilizado para reivindicar los atentados, el testigo afirmó que «hay muchos «Abu Dujana», «incluso un cantante se llama así». Después de esta expresión burlesca, «Abu Dahdah» volvió a prisión para seguir cumpliendo doce años de cárcel por ser jefe de Al Qaida en España.
ABC 18-04-07
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